Datos Clave
- La autora se mudó de Estados Unidos a Gales hace 15 años después de conocer a un hombre galés, cambiando permanentemente el curso de su vida adulta.
- Su madre de 63 años viaja desde Carolina del Norte a Gales para las visitas, soportando largos vuelos y viajes en coche a pesar de tener problemas de espalda.
- Durante la pandemia y un embarazo de alto riesgo, la madre y la hija pasaron casi cinco años sin verse en persona.
- La autora tiene tres hijos, cada uno nacido con dos años de diferencia, todo mientras vivía un océano de distancia de su propia madre.
- Mantienen contacto diario a través de mensajes de WhatsApp y múltiples llamadas telefónicas cada semana para salvar la distancia.
- Una visita de vacaciones de tres semanas requiere una planificación y gastos significativos, costando cuatro boletos de avión solo para la familia de la autora.
El peso de la despedida
Durante la mayor parte de su vida adulta, una mujer ha medido el amor en boletos de avión y diferencias horarias. Quince años después de mudarse de Estados Unidos a Gales, aún lleva el mismo duelo que su madre sintió ese primer día.
La decisión parecía simple a los 22 —se enamoró de un hombre galés y comenzó una nueva vida al otro lado del Atlántico. Lo que no podía saber entonces era que esta elección definiría cada futuro adiós.
"Mi adiós, ahora mirando atrás, fue fugaz; el suyo fue permanente."
Cada visita termina con el mismo ritual: unas lágrimas, una sonrisa forzada y el silencioso reconocimiento de que no saben cuándo volverán a encontrarse.
La distancia a través del Atlántico
La geografía entre ellas es implacable. Un océano y una diferencia horaria de cinco horas separan sus vidas diarias, convirtiendo conversaciones simples en citas programadas.
En los primeros años, las llamadas semanales por Skype eran su línea de vida. Ella lloraba sobre los desafíos de la vida adulta mientras su madre escuchaba a miles de kilómetros de distancia. Hoy, la tecnología ha mejorado pero la distancia fundamental permanece.
Ahora se comunican a través de:
- Mensajes de texto diarios de WhatsApp
- Múltiples llamadas telefónicas cada semana
- Chats de video cuando las agendas coinciden
- Fotos y notas de voz durante el día
Sin embargo, la tecnología no puede reemplazar la presencia. Cuando la autora tuvo a sus tres hijos —cada uno nacido con dos años de diferencia— sintió una profunda añoranza que ninguna llamada de video podía satisfacer.
"Mi adiós, ahora mirando atrás, fue fugaz; el suyo fue permanente."
— Autora, hija viviendo en el extranjero
La maternidad sin tu madre
Tener bebés en el extranjero creó un tipo de dolor único. La autora insiste en que no necesitaba ayuda con la lavandería o las alimentaciones nocturnas —es ferozmente independiente. Lo que anhelaba era más simple y profundo.
Ella quería que su madre simplemente se sentara con ella. Estar allí durante esos meses vulnerables cuando se instauraban la depresión posparto y el agotamiento severo. La mujer que la llevó y dio a luz debería haber estado allí cuando ella hizo lo mismo.
"Ambas sentimos las punzadas de estar separadas, porque solo parece adecuado que la mujer que te llevó y dio a luz también esté allí cuando tú hagas lo mismo."
Ella superó esos años agotadores de bebés y niños pequeños, pero las cicatrices de hacerlo sola permanecen.
El silencio de cinco años
La pandemia creó una brecha sin precedentes en su relación. Combinado con un embarazo de alto riesgo, la autora no pudo viajar a los Estados Unidos durante casi cinco años.
Durante todo ese tiempo, su madre solo logró dos visitas a Gales. La mujer, ahora de 63 años con una espalda "que no es brillante", aún hizo el arduo viaje.
Para que la autora visite su hogar se requiere:
- Cuatro boletos de avión (los suyos más los de tres hijos)
- Una planificación financiera significativa
- Coordinar horarios a través de continentes
Para que su madre visite Gales significa:
- Un vuelo internacional muy largo
- Viajes en coche antes y después del vuelo
- Gestionar el malestar físico por el viaje
Estas no son visitas casuales. Son operaciones logísticas mayores que requieren semanas de planificación.
Tres semanas de Navidad
Recientemente, después de casi cinco años separadas, la madre de la autora pasó tres semanas en Gales durante las fiestas. Ambas absorvieron cada momento, sabiendo que podría ser su único encuentro en persona para el año.
La adaptación no fue perfecta. Después de tanto tiempo separadas, se molestaban mutuamente durante los primeros días, tratando de adaptarse a ritmos y rutinas diferentes. Pero lo superaron.
El último día llegó con una brutal finalidad. "Sentí como si hubiera caminado contra una pared que me golpeó con todos los recuerdos de lo difícil que es vivir lejos de mi madre", recuerda.
Ella lloró, como siempre. Luego hizo lo que su madre le enseñó: contó sus bendiciones, reconoció la fuerza que esta vida había forjado y siguió adelante.
El regalo inesperado
Vivir lejos de su madre no era una elección que haría hoy, sabiendo lo que sabe ahora. Pero le ha dado algo que no esperaba: resiliencia.
Aprendió a hacer todo por su cuenta, exactamente como su madre tuvo que hacer al criarla a ella y a su hermana. La fuerza que necesitó para sobrevivir a la maternidad en el extranjero vino de observar el ejemplo de su madre.
"Ella misma una mujer fuerte, crió a una mujer fuerte."
El esfuerzo diario, el duelo que nunca desaparece por completo, los boletos de avión caros —todo esto ha creado un vínculo que trasciende la geografía. Su conexión es más profunda porque requiere cuidado constante.
La tecnología ayuda. El amor sostiene. Pero es la resiliencia aprendida a través de la separación lo que hace posible seguir eligiendo esta vida, un adiós a la vez.
"Ambas sentimos las punzadas de estar separadas, porque solo parece adecuado que la mujer que te llevó y dio a luz también esté allí cuando tú hagas lo mismo."
— Autora, sobre extrañar a su madre durante el parto
"Ella misma una mujer fuerte, crió a una mujer fuerte."
— Autora, reflexionando sobre la influencia de su madre
Preguntas Frecuentes
¿Cuánto tiempo ha vivido la autora en el extranjero?
Ha vivido en Gales durante 15 años, habiéndose mudado allí a los 22 años después de conocer a un hombre galés y enamorarse. El traslado transatlántico cambió permanentemente el curso de su vida adulta.
¿Qué hace que visitar a la familia sea tan difícil?
La distancia física requiere cruzar un océano y lidiar con una diferencia horaria de cinco horas. Para la autora, visitar a Estados Unidos cuesta cuatro boletos de avión, mientras que su madre de 63 años soporta largos vuelos y viajes en coche a pesar de tener problemas de espalda.
¿Cómo mantienen su relación?
Se comunican diariamente a través de mensajes de WhatsApp y múltiples llamadas telefónicas cada semana. Esta conexión digital ayuda a salvar la brecha, aunque no puede reemplazar la presencia en persona durante los eventos importantes de la vida.
¿Cuál fue el período más largo sin verse?
Durante la pandemia y un embarazo de alto riesgo, pasaron casi cinco años sin una visita en persona. En ese tiempo, la madre solo logró dos viajes a Gales.









