Hechos Clave
- Después de casi diez años corriendo la mayoría de los días, la autora experimentó un agotamiento total tras su primer maratón en 2024.
- En la segunda mitad de 2025, abandonó su rutina diaria de correr de 3 a 4 millas en favor de un nuevo horario.
- El nuevo plan de fitness implicaba alternar clases de entrenamiento de fuerza con días dedicados a caminar, con el objetivo de recorrer al menos 3 millas en los días sin clase.
- Durante un período de seis meses, este cambio de rutina resultó en una pérdida de peso de aproximadamente 5 libras.
- Para finales de año, su recuento promedio diario de pasos casi se duplicó en comparación con su rutina de correr anterior.
- Descubrió a través de un monitor de frecuencia cardíaca que una sesión de entrenamiento de fuerza quema aproximadamente el mismo número de calorías que una carrera de 3 millas.
- La autora ahora apunta a caminar aproximadamente una hora diaria, lo que duplica el tiempo que antes dedicaba a correr.
El Punto de Quiebre
Durante casi una década, correr fue una parte innegociable de la vida diaria. El ritmo constante del pavimento era un ritual que se realizaba la mayoría de los días de la semana. Sin embargo, tras completar su primer maratón en 2024, esa consistencia se rompió. El entrenamiento necesario para cruzar la línea de meta había pasado factura, dejando una sensación persistente de agotamiento que ninguna celebración posterior a la carrera podía curar.
En los meses siguientes, el deseo de ir a la pista cerca de su casa desapareció por completo. La idea de inscribirse en otra carrera se sentía como una carga más que un desafío. Agravando el problema, sus compañeros de carrera habituales se habían mudado, transformando una actividad social en una empresa solitaria y francamente aburrida. Aunque unirse a un nuevo club de corredores local era una opción, resistió la idea. Para la segunda mitad de 2025, oficialmente frenó una costumbre de correr de una década de antigüedad.
Una Nueva Rutina Surge
El cambio alejarse de correr requirió una revisión completa de su horario de fitness. Anteriormente, corría de 3 a 4 millas casi todos los días y asistía solo a dos clases de entrenamiento semanales. El nuevo plan introdujo una estricta alternancia entre clases de entrenamiento de fuerza y días de caminata. Esta estructura significaba asistir a una clase de entrenamiento desafiante aproximadamente de 3 a 4 veces por semana, mientras reservaba el tiempo restante para paseos más largos y tranquilos de al menos 3 millas.
Inicialmente, la transición causó vacilación. Al haber sido una corredora dedicada durante tanto tiempo, había temores de aumentar de peso o volverse sedentaria. Sin embargo, la realidad demostró ser lo contrario. Para lograr una quema calórica similar a sus carreras anteriores, dedicó más tiempo a caminar: apuntando a aproximadamente una hora diaria. Esto resultó más fácil de mantener de lo esperado. Vivir en una ciudad caminable permitió un movimiento espontáneo, como bajarse del metro una parada antes o salir al aire libre durante un momento libre. La rutina demostró ser sostenible incluso en vacaciones, donde una caminata o caminata diaria reemplazó la presión de correr.
"Me sentí más tranquila y menos agotada, lo suficiente como para disfrutar realmente del ejercicio de nuevo."
— Autora
Transformación Física y Mental
Los resultados de intercambiar correr por caminar y entrenamiento de fuerza fueron tanto físicos como psicológicos. Físicamente, la autora quemó grasa de manera más efectiva que cuando corría, perdiendo aproximadamente 5 libras en un período de 6 meses. También casi duplicó su recuento promedio diario de pasos para finales de año. Este aumento en el movimiento se logró sin la resistencia mental que había plagado su rutina de correr. Como ya no se obligaba a correr, su cuerpo respondió mejor al ejercicio.
Mentalmente, el cambio fue transformador. La autora notó que su mentalidad anterior en torno a correr la dejaba sintiéndose agitada y resentida. La nueva rutina, sin embargo, trajo una sensación de calma. Comenzó a usar las caminatas para descomprimir, como tomar caminatas matutinas de café con su esposo o pasear cerca de la oficina para aliviar el estrés de sentarse en un escritorio. Este cambio mental se extendió a otros hábitos; sin el estrés de forzar carreras en condiciones climáticas desfavorables, la necesidad de "premios" compensatorios disminuyó, facilitando reducir los aperitivos y el alcohol.
"Me sentí más tranquila y menos agotada, lo suficiente como para disfrutar realmente del ejercicio de nuevo."
Optimizando el Rendimiento del Entrenamiento
Contrario al temor de que menos correr llevaría a un menor fitness, la nueva rutina en realidad mejoró su rendimiento en las clases de entrenamiento de fuerza. Al alternar días de entrenamiento con días de caminata, llegaba a las clases sintiéndose más descansada y menos agotada. Incluso si caminaba antes de una clase, no se sentía tan exhausta como lo haría después de una carrera de 3 millas. Esta recuperación le permitió levantar pesos más pesados y esforzarse más, lo cual es esencial para construir músculo.
Los datos de su monitor de frecuencia cardíaca proporcionaron una visión sorprendente: quema aproximadamente el mismo número de calorías en una sesión de entrenamiento de fuerza como en una carrera de 3 millas. El beneficio añadido, sin embargo, es la fuerza ganada por el levantamiento. Cuando ahora corre, es reservado para sprints más cortos y rápidos. La mayoría de sus clases de entrenamiento incluyen un componente cardiovascular enfocado en la potencia, apuntando a una frecuencia cardíaca Zona 4. Ahora corre de 2 a 4 minutos más rápido por milla que antes, una hazaña que es más fácil de lograr cuando no se corre constantemente.
La Alegría del Movimiento
En última instancia, la decisión de reducir la carrera fue sobre reclamar la alegría del movimiento. El estancamiento que alcanzó mientras corría —donde su cuerpo se había adaptado al ritmo y la distancia— requería aumentar la velocidad o la inclinación para ver resultados, pero simplemente no estaba interesada en hacerlo. Caminar ofreció una barrera de entrada más baja. No requería equipo especial, tiempo para ducharse ni planificación compleja. Simplemente se trataba de levantarse e ir.
La autora se alegra de que lo opuesto a sus temores se hiciera realidad. Al cambiar su rutina de larga data, se volvió más en forma y saludable. La experiencia le enseñó que a veces, tomar "pasos de bebé" —literalmente— puede llevar a resultados más significativos y sostenibles que forzar el agotamiento. La rutina le ha permitido moverse más, quemar grasa y, lo más importante, sentirse más tranquila y con más energía.
Puntos Clave
El viaje de corredora de maratón a caminante dedicada destaca la importancia de escuchar al propio cuerpo y adaptar las rutinas para ajustarse a los estados mentales y físicos actuales. Demuestra que el ejercicio de alta intensidad no es el único camino hacia el fitness y la pérdida de grasa.
- Consistencia sobre intensidad: Caminar a diario demostró ser más sostenible que forzar carreras de alto kilometraje.
- La fuerza importa: Incorporar entrenamiento de fuerza proporcionó una quema calórica igual a la de correr mientras construía músculo.
- La salud mental es salud física: Reducir el estrés relacionado con el ejercicio mejoró el bienestar general y la adherencia a hábitos saludables.
- La flexibilidad es clave: Una rutina que se adapta a los cambios de estilo de vida (como vacaciones o días laborales ocupados) tiene más probabilidades de perdurar.
Preguntas Frecuentes
¿Qué causó el cambio de correr a caminar?
La
¿Realmente ayudó caminar a perder peso?
Sí, sorprendentemente. Al intercambiar correr por caminar y entrenamiento de fuerza, perdió aproximadamente 5 libras en seis meses. También casi duplicó su recuento diario de pasos y quemó grasa de manera más efectiva que cuando corría.
¿Cómo se compara la nueva rutina con correr en términos de quema calórica?
Si bien caminar quema menos calorías por minuto que correr, la autora descubrió que una sesión de entrenamiento de fuerza quema aproximadamente el mismo número de calorías que una carrera de 3 millas. Al dedicar más tiempo a caminar (alrededor de una hora al día), mantuvo un alto nivel de gasto calórico mientras se sentía menos agotada.
¿Cuál es el mayor beneficio de este nuevo enfoque de fitness?
Los beneficios mentales fueron los más significativos. La autora reportó sentirse más tranquila y menos agitada, lo que redujo el picoteo relacionado con el estrés y hizo que el ejercicio fuera agradable nuevamente. La rutina también permitió mayor flexibilidad y una adherencia más fácil durante vacaciones o días laborales ocupados.










